Salgamos de la postergación

DEJEMOS DE PostergAR Y ACTUEMOS

Uno de los hábitos más destructivos del ser humano es postergar las cosas y no actuar inmediatamente para hacer realidad sus proyectos, esto se conoce como: "procrastinar". Este mal hábito nos conduce a retrasar nuestras actividades para un posterior momento, ya sea por miedo, pereza, ansiedad, agotamiento, comodidad o frustración. La procrastinación también hace que actividades que deberían hacerse en un determinado momento sean aplazadas o sustituidas por otras menos relevantes o más "agradables". Podemos inventar cualquier excusa para evadir responsabilidades o proyectos propios por un instante, pero esto solamente causará acumulación de tareas o retrasos a nuestras metas. Ya sabes: "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy"

Una forma de procrastinar, también es esperar sentado a que pasen las cosas. Eso no podemos hacer, debemos tomar acciones, movernos, actuar, levantarnos. Las soluciones no se van a dar por sí solas si vivimos en inercia. Si te pones a pensar, la vida no es aburrida, pero hay quienes escogen aburrirse o estancarse. No podemos dejar de hacer algo positivo para avanzar en nuestras actividades, ni aferrarnos a estándares de letargo cuando el tiempo avanza, y nuevas situaciones se presentan en nuestras vidas. Cambiemos hasta en la forma de expresarnos: Sustituyamos el "Quisiera hacer" por el "Voy a hacerlo", "Haré que las cosas salgan bien". Procrastinar frena nuestro crecimiento personal, profesional y afectivo. Para vencer este perjudicial hábito vamos tener en cuenta estos factores: organización, listado de planes o tareas pendientes, analicemos las consecuencias de seguir postergando algo, dale fuerza a tu mente creativa, deja a un lado las críticas negativas, llénate de valor y actúa aunque sea inicialmente un poco; crea tu propio sistema de acción, evita las distracciones, revisa regularmente tus objetivos, busca que el trabajo sea divertido, prepara tu espacio para actuar, divide un proyecto en tareas de modo que puedas avanzar paso a paso, haz tu propia agenda, enfrenta los miedos actuando con inteligencia y sin caer en una absurda carrera sin rumbo, enfócate en lo que quieres lograr y no en lo que cueste.

 

Nuestra querida Biblia, muestra que cada proyecto nuestro debe estar bajo el amparo de Dios: "Y ustedes, los que ahora dicen: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y nos quedaremos allí todo el año, haremos negocio y ganaremos dinero», ¿saben acaso qué les pasará mañana? Porque su vida es como el humo, que aparece un momento y luego se disipa. Digan más bien: «Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello»." Santiago 4, 13-15.

 

La diligencia es lo opuesto a la postergación. Ser diligente es una virtud para ejecutar algo con agilidad y empeño. Ser diligente tampoco implica hacer las cosas sin reflexión, de forma alborotada o con prisa desorbitada. Importante entender este punto:  "Los proyectos del hombre diligente son pura ganancia, el que se precipita acaba en la indigencia". Proverbios 21, 5 

 

En la Biblia encontramos muchas historias de diligencia, así como versículos que nos llaman a la reflexión. Dios nos ha dado dones y por ello debemos rendir fruto, no podemos estancarnos por las dificultades y caer en un letargo de simple comodidad. Debemos eliminar las postergaciones y actuar con diligencia: "El perezoso codicia y su deseo es vano, pero el deseo de los laboriosos será colmado". Proverbios 13, 4. 

 

Desde luego, si estamos buscando a Dios, también debemos guardar las obras que Él nos dispone con diligencia: "Esfuérzate en ser digno de la aprobación de Dios, presentándote ante Él como un obrero que no tienen de qué avergonzarse y como un fiel dispensador de la Palabra de verdad". 2 Timoteo 2, 15. 

 

La excusa de que "somos débiles" y eso nos pesa para actuar, también es mal plan, pues Dios nos fortalece siempre. "Tres veces pedí al Señor que me librara, pero Él me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". 2 Corintios 12, 8-10.

 

Vamos a levantarnos, no le demos tanta vuelta a las cosas, actuemos, logremos terminar nuestros proyectos y cumplir nuestros objetivos. ¡Arriba ese ánimo!.

 

Recuerda esto: Cuando el día no te alcance para hacer lo que has pensado, es probable que estés haciendo cosas que Dios no te ha llamado a hacer.

 

Con afecto,

Javier

 

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