El valor de la ternura

SI VAMOS A VIVIR, HAGÁMOSLO CON TERNURA

La ternura es un valor intrínseco del ser humano, es la expresión más pura y serena del amor. El sentimiento de ternura brinda belleza y sentido a cada acto de nuestras vidas. Gracias a la ternura toda clase de relación humana mantiene valor agregado y engrandece los vínculos afectivos, emocionales.

 

La ternura hace que podamos vivir entregando: afecto, emociones, cariño, amabilidad, protección, y espontaneidad. De hecho, la ternura es tan intensa que si analizamos nuestras vidas, llegaremos a la conclusión de que nuestros recuerdos más importantes no son aquellos que tienen que ver con éxitos materiales, sino con los momentos en donde experimentamos encuentros afectivos, instantes de cariño. He aquí una de las claves de la vida: disfrutar a plenitud los momentos tiernos pues éstos pesan más que los momentos materialistas.  

 

Por cierto, el mundo en su superficialidad pone a las acciones tiernas como vanos gestos o inútiles actos de cursilería. A diferencia de lo que algunos puedan pensar, la ternura no es signo de debilidad sino de fortaleza. Un gesto tierno requiere de verdadera valentía, coraje, firmeza y audacia, ya que las expresiones tiernas nacen de lo mejor que tenemos guardado en nuestro corazón, por ello se muestran con acciones reales sin miedos ni barreras. Cuando dicen que hay que "mantener viva la llama del amor", se refieren a ésa llama precisamente, la ternura. 

 

 

Los abrazos, las caricias, los arrullos, los besos, los gestos nobles son vías expresivas del amor. Como seres humanos, simplemente queremos brindar ternura y recibirla. Vivir sin ternura es vivir apagados. La creación es una obra de ternura de Dios, Dios es la muestra pura de ternura, Dios nos ama con ternura: "¿Cómo voy a abandonarte, Efraím? ¿Cómo voy a entregarte, Israel? ¿Cómo voy a tratarte como a Admá o a dejarte igual que Seboím? Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura: no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor". Oseas 11, 8-9. Dios es ampliamente tierno con nosotros, y nosotros también podemos ser tiernos con Él, y sentir su inmenso amor de Padre Celestial que nos cobija. Por amor a Dios, podemos manifestar al mundo actos de amor, compasión, piedad y misericordia. Aquí hay una cita apropiada para resumir el inmenso amor de Dios: "¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos, tus muros están siempre ante mí". Isaías 49, 15-16. Así se compara el amor de Dios:  "Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles". Salmos 103, 3.   

 

Está escrito: "Gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz". Lucas 1, 78-79.

 

Imitemos a Cristo:  "Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo buen unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Filipenses 2, 1-5.

 

Sintámonos libres de actuar con ternura, como la madre que besa a su hijo, como el espontaneo que grita de emoción, como la caricia de los enamorados, como las palabras dulces de los abuelitos. Que el sutil canto de las aves, el ver un arcoíris, o la sonrisa de un bebé nos emocione, así como sentir un abrazo, una caricia, un beso, una palabra de amistad. No esperemos demasiado para expresar ternura pues podemos perder grandes oportunidades. Que no nos de miedo "apapachar" ni ser "apapachados". Que la bandera de la ternura ondee en cada acto de nuestras vidas, que nos emocionemos por los pequeños detalles, que la entrega sea sincera, que no nos de miedo expresar lo que sentimos, si queremos llorar de emoción, entregar un detalle, abrazar ¡Adelante!

 

Con afecto,

Javier

* Agradecimiento especial a Guadalupe Rodríguez por su "tierno" aporte en la edición de este blog.

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Comentarios: 1
  • #1

    Diana (martes, 23 agosto 2016 16:04)

    ; ) a vivir con ternura