Seamos navegantes vencedores en tiempos turbulentos

GENEREMOS OPORTUNIDADES POR CADA TURBULENCIA

La corriente del mundo impulsa una sociedad de desánimo, quejas y pesimismo ante momentos críticos o turbulentos. Esto es algo que debemos combatir de inmediato en nuestras vidas. En el momento en que nos enfocamos a las quejas por lo "mal que la estamos pasando", automáticamente estamos generando señales negativas a nuestro cerebro y al final se verá más lejana una luz en el camino.

 

Estamos siendo bombardeados día a día por argumentos pesimistas en la política, en los noticieros, hasta en las conversaciones académicas y familiares. Por ello debemos colocar un robusto escudo delante de nuestro, pues nuestra mente debe llenarse de pensamientos positivos a fin de contar con el mayor número de decisiones acertadas. Cuando un ser humano manifiesta que no puede lograr sus metas porque "no tiene esto o aquello", es señal de que está sobreponiendo un factor externo del mundo, al tesoro interior que dispone para salir adelante.

 

En tiempos turbulentos hay que actuar con agilidad y dinamismo, pero sobretodo con valentía y actitud proactiva. Demos gracias a Dios por estar vivos y por disponer de un nuevo día para esforzarnos por ser felices, nuestro futuro está asegurado por nuestra confianza en Dios, y no por personas que pretenden agobiarnos con sus teorías del caos inminente. Estar debidamente informados es vital para navegar en aguas torrentosas, imaginémonos a unos navegantes que están bien informados y preparados para superar cualquier eventualidad en el mar, asimismo debemos vivir nuestras vidas.

 

Cualquier tipo de adversidad debe llevarnos a generar oportunidades. Aprendamos a sentir cómo Dios se preocupa por nuestras necesidades. Logremos diferenciar entre crisis mediáticas y crisis reales, pues en estas últimas podemos actuar realmente. Las circunstancias críticas reales nos pueden resultar intensas y dolorosas, pero no hay necesidad de que al final roben nuestra paz si estamos confiados en el Señor. Pero si las turbulencias nos hacen necesitar a Dios, benditas sean las turbulencias.

 

Que sea Cristo quien nos brinde las directrices para navegar sin perder nuestro rumbo, que sea Cristo quien nos llene de su ejemplo para actuar en cada momento y calme nuestras tempestades: "Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». El viento se aplacó y sobrevino una gran calma." Marcos 4, 38-39.

 

Aquí, unos dulces sorbos de la Palabra de Dios:

  • "Dios es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar; aunque bramen y se agiten sus olas, y con su ímpetu sacudan las montañas." Salmos 46, 2-3.
  • "No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa." Isaías 41, 10.

Somos navegantes en una vida que no tiene aguas mansas ni calmadas, para ello disponemos de un capitán sabio y amoroso: Dios.

 

Con afecto,

Javier.

 

 

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