La satisfacción de vivir una vida nueva

UNA VIDA NUEVA ES POSIBLE

En nuestro diario vivir podemos enfrentar situaciones difíciles, tentaciones y caídas. En ocasiones, el "tocar fondo" hasta parece algo cotidiano en la humanidad. Cuando una persona experimenta vivencias catastróficas en donde todo se ve difícil y no hay una salida oportuna, simplemente siente que ya no hay fuerzas para continuar ni para volver a levantarse.

 

Sentirse derrotados en una vida sin fuerzas ni esperanzas, va en perjuicio de todo deseo de superación. En cada estrato social puede existir un cierto grado de derrotismo en donde todo deseo de salir adelante se ve perdido.

 

Es posible que aquella caída que experimentaste aún no la puedas superar, pero es momento de levantarte con fuerza y renacer a una vida nueva. Sin duda, Dios nos ama infinitamente y Él nos invita a sentir que está a nuestro lado. Cada tropiezo en nuestras vidas debe fortalecer nuestra fe. No fuimos llamados a ser derrotados, no fuimos llamados a quedarnos en el piso luego de una caída, somos llamados a vencer, pues tenemos la capacidad que Dios nos brinda para levantarnos.

 

Las malas acciones, el pecado es lo que destruye la armonía entre Dios y nosotros, y precisamente esto es lo que a una persona lo vuelve un ser derrotado. 

 

Por ello para vencer en Cristo, ser fuertes ante las adversidades y contar con una nueva vida, es necesario limpiar nuestro corazón de aquellas impurezas que manchan nuestro ser. Es momento de descubrir en nosotros, que podemos actuar con buenas obras: "Nosotros somos creación de Dios: Él nos ha creado en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.” Efesios 2, 10.

 

Únicamente, al abrir nuestro corazón, limpiarlo del pecado, podremos recibir a Dios en nuestro interior, a la esencia misma del Señor: al Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos llenará de fuerza sobrenatural para levantarnos y hacer frente a cualquier temor que impida superarnos para bien. Al desechar los deseos mundanos que conducen al pecado, seremos capaces de transformarnos en personas de mente y corazón renovados: “En efecto, los que viven según la carne desean lo que es carnal; en cambio, los que viven según el Espíritu, desean lo que es espiritual. Ahora bien, los deseos de la carne conducen a la muerte, pero los deseos del Espíritu conducen a la vida y a la paz,” Romanos 8, 5-6.

 

 

El Espíritu de Dios desarrolla frutos en nosotros, que son virtudes que se desarrollan en nosotros para una vida plena, para una vida nueva: "El fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo. Estas son cosas que no condena ninguna Ley. Los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus impulsos y deseos. Si ahora vivimos según el Espíritu, dejémonos guiar por el Espíritu; depongamos toda vanagloria, que no haya entre nosotros provocaciones no rivalidades” Gálatas 5, 22-26

 

Tenemos vida nueva cuando hay conversión en nosotros, es decir cuando hay un cambio para bien de nuestra forma de vivir y ver las cosas para Gloria del Señor.

 

Recuerda, a Dios no le importa tu pasado, sino tus deseos de conversión y limpieza de tu corazón para permitir que su Santo Espíritu te brinde la fortaleza para levantarte y tener una vida nueva. Así podrás ser un hombre vencedor, una mujer vencedora, en Cristo.

 

Con afecto,

Javier.

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 1
  • #1

    Edison Pacheco (lunes, 21 noviembre 2016 16:54)

    Excelente articulo . Dios mis sostiene en todas lad circumstances de nuestra Vida