Navegando en las olas de la vida

CADA OLA DE LA VIDA NOS DEBE AFERRAR A DIOS

Navegar con las olas de la vida no es sencillo. En momentos inesperados surgen olas que hasta nos toman por sorpresa.

 

Hay olas emocionales, sentimentales, económicas, laborales, familiares, incluso ciertas olas aparecen en nuestras vidas como verdaderos tsunamis. En este punto de la vida no cabe duda que, reconociendo a Dios como nuestro Capitán, las olas tendrán un sentido edificador, pues Él es fiel, Él es fuerza, Él es paz.

 

Hay una vieja historia, que describe a un niño jugando con un barco de madera en un lago, y de pronto, el barco pierde control y se aleja del niño. El niño pide ayuda a un joven, éste comienza arrojar piedras en dirección al barco. El niño se sintió mal, pues pensaba que el joven estaba apedreando el barco y no lo podría ya recuperar; pero en realidad, el joven estaba arrojando piedras adelante del barco, de tal modo que generaba olas que hacían retroceder al barco hacia donde estaba el niño. Finalmente, el niño pudo recuperar su barco y estuvo agradecido con el joven.

 

Así, es Dios, Él jamás nos arrojaría piedras, a veces podemos experimentar situaciones complicadas que parecen no tener sentido ni plan, pero si esperamos y confiamos en nuestro Padre Celestial, nos daremos cuenta de que cada prueba, es como las piedras de la historia, pues al final nos llevan a nuestros objetivos.

 

La vida navegando en Cristo es un proceso, no es sencillo, pero jamás te sentirás abandonado o abandonada. El ritmo de nuestra vida navega en un mar en el que debemos aprender a surfear para no caernos ni ahogarnos. Habrá momentos en que debamos estar quietos en la turbulencia poniendo a Dios como nuestra ancla. Habrá momentos en que debamos navegar a una velocidad nunca antes vista dejándonos llevar por Dios, encontrando sentido a todo lo que ocurre en nuestras vidas pese a que tenemos olas en contra: tribulaciones, temores, decepciones, dolor. ¡En algún momento todo se hará luz, fortaleza, confianza, gozo!

 

"Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. Porque, así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo"    . 2 Corintios 1, 3-5.

 

Que no perdamos nuestro rumbo, que nuestro navegar en Cristo no se desvíe, que volvamos a nuestro rumbo si nos hemos desviado. Que las decisiones tomadas sean puestas en manos del Señor:

 

 

Recuerda esto: No podemos detener las olas, pero podemos aprender a encontrarles un sentido específico para navegar, para surfear, para explorar. Si queremos fluir en las olas de la vida, debemos proyectar nuestros actos con amor.

 

Con afecto,

Javier

 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0