El beneficio del perdón

PERDONAR ES ESENCIAL PARA avanzar

El perdón se define como: la sincera superación emocional de una ofensa que una persona ha ocasionado, en base al amor y a la madurez interior del ofendido. 

 

Perdonar es una de las pruebas más difíciles de superar en nuestra búsqueda de evolucionar hacia el buen vivir espiritual.

 

La mayoría de personas, podemos disponernos en una tendencia que nos lleve a reaccionar de manera impulsiva y negativa ante una ofensa recibida por alguien. Hay quienes buscan venganza; otros buscan hacer daño al resto de personas porque consideran que ya no hay gente buena en el mundo; otras personas terminan perdiendo sus valores éticos; también hay personas que guardan rencores, odios y amargura hasta la tumba; y hay quienes se cierran en una burbuja y simplemente no perdonan, o dicen "te perdono, pero no olvido". Nuestra naturaleza humana es reactiva, y por desgracia, las reacciones más notorias no son de tipo bondadoso. ¿Cómo sacar fortaleza para perdonar, dar la otra mejilla, o incluso, hacer algo bueno por quienes nos han hecho daño?.

 

 

  • Lo primero que debemos entender es que la ofensa hacia nosotros, por sí misma, no es el verdadero problema. La cuestión importante es cuán buena será nuestra reacción hacia la persona o personas que nos han ofendido. Es lograr un suficiente estado de madurez mental y fortaleza espiritual para superar una ofensa en paz. Debemos descartar nuestros esquemas mentales de niveles de agresión pues podemos pensar en que "es posible perdonar una ofensa pequeña, pero no una ofensa grave". Por ejemplo, perdonar una infidelidad o un atentado a la vida puede parecer imposible; y quizá perdonar a alguien que casi te choca el auto o te hace una broma de mal gusto, puede resultarnos más fácil de perdonar.  Esto es ambiguo, pues en nuestro diario vivir vemos personas perdonando infidelidades, y vemos a la par, personas que han perdido la vida por la venganza de alguien que no aguantó una broma o por riñas en el tránsito. Insisto, la ofensa no es lo relevante, sino nuestro grado de perdón.
  • En ocasiones, las decisiones incorrectas que tomamos, nos llevan ser presa fácil de potenciales agresores. Por tanto, debemos actuar con sabiduría, adelantándonos a los hechos y a las reacciones de las personas que nos rodean, importante analizar nuestros sentimientos, deseos, gustos y aspiraciones, para cuidar distancias de quienes no se alinean a este análisis.
  • Perdonar no significa necesariamente convivir con el agresor, perdonar no significa cegarse a la realidad, tampoco es permitir que se nos maltrate o se nos lastime, debemos poner límites, y alejarnos de aquellos que nos quitan la paz y debemos orar por ellos. Perdonar es olvidar y dejar que Dios se encargue del agresor. Si perdonamos, que sea un perdón sincero, firme y decidido.
  • Debemos entender que los resentimientos, rencores, odios, deseos de venganza, causan más daño al ofendido, que al que ofende. Generalmente, el mundo nos lleva a predisponernos que es totalmente normal la vendetta, el desquite, el "ojo por ojo y diente por diente". Pero, si un ofendido busca venganza o guarda rencor, al final terminará vacío en su afán por buscar la paz interior. Se ha demostrado científicamente que una variante del cáncer y otros trastornos de la salud, son producto del rencor y odio guardado en ciertas personas. Cuando perdonas, te liberas, te bañas de paz y de salud. 
  • Perdonar no quiere decir que estés de acuerdo con el daño que te hicieron, ni que lo apruebes. Tampoco significa restarle importancia al malestar causado o darle la razón a quien te ofendió. Perdonar simplemente compete, liberarte de aquellos sentimientos que te causan ira o dolor.
  • Debemos evitar llenarnos de un falso deseo de justicia, debemos evitar pensar que el rencor es justificado. Si pensamos que una ofensa debe ser amortiguada con otra ofensa para que "haya justicia", estamos por el lado erróneo, pues la búsqueda de la justicia no va por este camino. La justicia se forja con ideales nobles, buscando el beneficio de todos. Así que, no confundamos la justicia con la venganza.
  • Debemos comprender que si perdonamos, lo hacemos por nuestro beneficio interior y no por humillarnos o ser débiles frente al agresor. Perdonar no significa ser masoquistas, por el contrario, perdonar es parte del amor propio y de gran fortaleza interior. Incluso, si llegas a un nivel superior de sabia madurez, no solamente perdonarás, sino que sencillamente, ignorarás el agravio. 

 Ahora bien, para concluir estos pasos de reflexión sobre el perdón, debemos entender que tenemos un mandato puntual de Jesús que nos llama a perdonar: "Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra." Mateo 5, 38-39.

 

Estamos llamados a amar a quienes nos hacen daño, perdonar tiene un beneficio inmenso para nosotros, para nuestro bien espiritual: "Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que éstos correspondan con algo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes." Lucas 6, 27-38.

 

No olvidemos la oración que Cristo nos enseñó: El Padre Nuestro, en ella, hay una frase que dice: "Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido." Mateo 6, 12.

 

En consecuencia, esto implica que perdonando las ofensas que nos hacen, agradaremos a Dios por hacer su voluntad a fin de sembrar tesoros en el cielo para poder cosecharlos después, tendremos perdón de nuestras faltas hacia el mismo Dios y hacia las personas a quienes nosotros mismos hemos ofendido: "Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos. Entonces se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?». Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Mateo 18, 18-22.

 

Desde luego, que de las palabras a la práctica, hay mucho camino por recorrer. Sin embargo, haciendo lógica de que la Divinidad de Jesús nos invita a perdonar a quienes nos ofenden, y Él nos promete que estará presente cuando nos reunamos en su Nombre; podemos concluir que una poderosa ayuda para fortalecernos en el perdón hacia los demás, es orar junto a personas que puedan apoyarnos a interceder nuestros problemas de perdón. Cuando tengas un rencor guardado, un sentimiento de odio o venganza que te cueste eliminar, lo que debes hacer es juntarte con personas que te acompañen a orar y entregar al Señor tus pesos. Algo maravilloso que puedes añadir a tu oración es el rezo del Santo Rosario que es un verdadero tesoro del cielo entregado por nuestra Virgen María. Visitar al Santísimo también ayuda, no hay ningún lugar en la tierra más poderoso que estar frente al Sagrado Sacramento del Altar. Verás como sin darte cuenta, tus sentimientos de odio se van transformando en sentimientos de amor, perdón y paz.

 

 

Recuerda esto:  "La revancha del cristiano es el perdón", perdonar es manifestar amor. Decidir olvidar e incluso amar a quienes nos han ofendido es demasiado difícil, por ello requerimos la ayuda de Dios para lograrlo, y créeme la oración ayuda bastante. Definitivamente acercarnos a Dios fortalecerá nuestra capacidad de perdonar. Perdonar nos permitirá cosechar tesoros celestiales.

 

Con afecto,

Javier.

 

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