Hagamos el bien, y hagámoslo bien

hacer el bien y hacerlo bien: LA Combinación perfecta en nuestras acciones

El obrar de manera magistral, se resume en esta frase: "Hacer el bien y hacerlo bien". Si pudiésemos vivir con este postulado en cada una de nuestras acciones, seríamos seres perfectos tanto en santidad como en eficiencia.

 

Esta frase, expuesta por San Leonardo Murialdo, encierra un contenido tan profundo y valioso que, sin duda, merece un análisis para provecho de nuestras vidas.

 

Partamos del hecho de que, en un mundo globalizado, marcado por distintos esquemas mentales, hay comportamientos humanos que apuntan a hacer el bien, y otros que se enfocan en procurar que las cosas salgan bien hechas. 

 

Si analizamos el primer comportamiento, éste se enfoca al mejoramiento de nuestra espiritualidad, de nuestra cercanía hacia Dios, pues estamos llamados a ser buenos cristianos, a hacer el bien, a brindar amor, a perdonar, a ser misericordiosos, a buscar la paz, a actuar con valores íntegros, ser bueno implica tomar la bandera del amor como primicia de nuestras obras y apartarnos de cualquier situación negativa:

  • "Hagan siempre el bien y compartan lo que poseen, porque esos son sacrificios agradables a Dios". Hebreos 13, 16.
  • "Procuren que nadie devuelve mal por mal. Por el contrario, esfuércense por hacer siempre el bien entre ustedes y con todo el mundo". 1 Tesalonicenses 5, 15.
  • "Confía en el Señor y practica el bien; habita en la tierra y vive tranquilo: que el Señor sea tu único deleite, y él colmará los deseos de tu corazón." Salmos 37, 3-4.

El segundo comportamiento, comprende la serie de acciones y procedimientos enfocados a hacer las cosas de manera eficiente, bien hechas, con una entrega total. Este modo de actuar, dispone terminar una obra bien elaborada, con sus detalles perfectos, buscando el error cero, disponiendo todos los recursos intelectuales y materiales. La Palabra de Dios, también nos señala que busquemos la perfección en nuestras obras y que las hagamos bien hechas: 

  • "Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo." Mateo 5, 48.
  • "La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple." Salmos 19, 8.
  • "Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres. Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor. "Colosenses 3, 23-24.

Notemos claramente que un cristiano que quiera obrar perfectamente, debe comenzar haciendo el bien. Estas acciones a la par, deben procurarse que se hagan bien, de buena gana, con criterio. Juntando estos dos enfoques, lograremos obrar perfectamente. Cuando una persona se enfoca en actuar siguiendo un único enfoque y deja de lado al otro, pierde automáticamente el rumbo de la perfección.

 

Por ejemplo: supongamos que una persona compra comida y decide repartirla a un indigente; hasta aquí, la intención es buena, pues ésta persona lo hace de buen corazón y con una buena predisposición de amor al prójimo. Pero, ¿qué pasa si, ésta persona va a repartir la comida al indigente en un horario inapropiado?; y si compra algún alimento que no sea muy común y termine no siendo del agrado del indigente; quizá la persona de pronto termina haciéndolo de mala gana; o al final, la persona comienza a alardear de su obra benéfica a los cuatro vientos. Comprendemos pues, que la persona tuvo intención de hacer el bien, pero definitivamente no lo hizo bien.

 

Vamos a la inversa: supongamos que una persona se enfoca en hacer las cosas de manera perfecta y se convierte en una verdadera máquina de eficiencia, investiga procesos, cumple normas, es ordenada; pero su comportamiento es intolerante, superficial: no paga a tiempo a sus colaboradores, los humilla, no pone a Dios en sus planes y se cree dueño absoluto de su futuro, pone a su "yo" como centro de las acciones que emprenda, basado en el superficial teorema de que "el fin justifica los medios" con tal de conseguir sus objetivos . Ciertamente, ésta persona está apartada del enfoque correcto, del que agrada a Dios.

 

Ejemplos de ambos casos, sobran, lo primordial es comprender la importancia de enfocarnos en obrar perfecto, juntando estos dos comportamientos esenciales en nuestras vidas. Si combinamos con sabiduría el "bien ser" y "el bien hacer", habremos logrado conocer el procedimiento magistral para moldear nuestro comportamiento, tal y como lo quiere Dios.

 

Desde luego, no solamente hay personas que necesariamente se enfocan en uno u otro criterio de comportamiento, también hay quienes mezclan matices: parte de lo uno y parte de lo otro. Por ejemplo, el cristiano que ora y luego sale a hablar mal del prójimo, o la persona que hace algo con su talento, pero no está segura del poder que tiene Dios para bendecir su vida.

 

Debemos entonces, cuestionarnos en qué posición de acción estamos actualmente, y trabajar para posicionarnos en el cuadrante perfecto de hacer el bien y hacerlo bien. Solamente, siguiendo la voluntad de Dios (causa), los terminados y deseos materiales nos vendrán bendecidos por la Providencia Divina (efecto):

 

  • Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. Mateo 6, 33.

 

Es importante plantear esto, pues los efectos de seguir la voluntad de Dios, y actuar de manera perfecta, constituyen la base para complementar el sentido armónico de una vida plena en este mundo, que se detalla en cuatro aristas:

 

CAUSA: Nuestras acciones deber ejecutarse a la voluntad de Dios, haciendo el bien y haciéndolo bien.

 

1. El bien "ser"

2. El bien "hacer"

 

EFECTO: Los resultados de nuestras acciones perfectas a los ojos de Dios, tendrán recompensa.

 

3. El bien "estar" 

4. El bien "tener"

 

Recuerda esto: Actuar de manera perfecta significa que nuestras actividades deben ser realizadas haciendo el bien, con amor al prójimo. Asimismo, nuestras actividades deben realizarse de manera prolija, cuidando cada detalle para lograr hacerlas bien. De esta manera, nos alinearemos a la voluntad de Dios, en nuestro proceder. Como resultado, podremos sentirnos bien con nuestra conciencia y conseguiremos hacer sentir bien a los demás. Sentir satisfacción por nuestras acciones bien hechas, alimentará nuestras fuerzas gracias a Dios para conseguir bendiciones materiales y metas propuestas.

 

 

Con afecto,

Javier.

 

 

Dedico este blog a la memoria de San Leonardo Murialdo. 

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Comentarios: 1
  • #1

    sextel (sábado, 09 septiembre 2017 03:03)

    zagracić