Seamos auténticos

una personalidad auténtica sÓlo puede moldearse para bien

A lo largo de nuestra vivencia terrenal, hemos experimentado todo tipo de acontecimientos, nos hemos relacionado con distintas personas y hemos formado nuestra bandera personal de cómo actuar en la vida. Definimos a la personalidad como el conjunto de cualidades, comportamientos y rasgos particulares que moldean la forma de ser de una persona, de modo que se diferencie del resto. 

 

La psicología moderna indica que, incluso antes de nacer, los padres pueden comenzar a moldear a su bebé por medio de música, palabras positivas y tonos amorosos. Es así que desde que nace, un ser humano va concibiendo el mundo desde sus percepciones, inquietudes, sentimientos, aprendizaje de quienes lo rodean. Cuando un niño cumple aproximadamente tres años, ya ha adoptado un patrón de comportamiento que le acompañará a lo lardo de sus años de existencia. Aproximadamente a los siete años se dice que una persona ya ha definido gran parte de su personalidad. Conforme pasan los años, el concepto de autoestima se va formado, dependiendo de varios factores que lo rodean. Es por ello, que una misión importante de los padres, es apoyar a la construcción de personalidades sólidas en sus hijos: con valores, con modelos de seguridad, autoestima, y criterio formado.

 

 

Nuestra personalidad es nuestra carta de presentación ante el mundo,  por tanto, debe ser moldeada desde dos puntos de vista: la autenticidad y  el enfoque hacia el bien. 

 

 

En este sentido, una personalidad auténtica define a quien consolida una forma de ser que no puede ser manipulada ni resquebrajada por factores negativos del exterior, ni por factores que no representan relevancia. Es importante aclarar este asunto, puesto que también hay situaciones edificantes y personas valiosas, que nos permiten absorber algo maravilloso para embellecer nuestra personalidad. Pero cuando sucede todo lo contrario, y una persona pierde sentido de personalidad, dejándose absorber por personas tóxicas o situaciones que le parecen agobiantes y sin solución, su personalidad pierde peso y tiende a vivir según los criterios de otros.

 

El resquebrajamiento de la personalidad, tiene más peso a temprana edad, en niños, adolescentes, y ciertos jóvenes que por seguir a malos "líderes", estar "a la moda", o buscar sentido de pertenencia, dejan que otros sean una influencia en su personalidad y permiten que su verdadero "yo" no rinda frutos. Como el niño que sigue al violento del grupo; o la novia que se enamora de alguien que no tiene buenas costumbres pero se acopla a ellas por "amor"; o el joven que no se siente cómodo acercándose a un vicio, pero por no sentirse relegado de sus amigos, cae.

 

Muchas personas pueden creer que únicamente a temprana edad, puede manipularse una personalidad; y que en una edad adulta, la personalidad es sólida y cada quien ya es dueño de sus riendas. La realidad, es muy distinta, pues hay personas adultas que se sienten dueños absolutos de su personalidad; gritan a los cuatro vientos que si alguien los estima, debe aceptarle tal como es, pues nada ni nadie lo puede cambiar, pero en algún momento encuentran un punto de quiebre que demuestra lo contrario.

 

 

En realidad, la personalidad va ligada al aprendizaje y por tanto, una personalidad siempre podrá moldearse, pero debemos trabajar para que ésta sea mejorada para bien. También hay que diferenciar en lo que es una personalidad (que se puede mejorar), y los valores no negociables (que evidentemente no se pueden quitar), por ejemplo: creer en Dios. 

 

Las personas que se mantienen en un firme discurso de "yo soy así y nadie puede cambiarme", pero sin darse cuenta, se convierten en esclavos de "los actores del mundo", redes sociales, conspiraciones y burlas; comienzan a repetir historias sin investigar siquiera si es verdad. En este preciso momento, aquellas personas quieran o no reconocerlo, dejan de pensar por sí mismas y quiebran su personalidad, pues en el fondo, su esencia original no iba por ése camino, han sido arrastrados por la corriente del momento.

 

Por otro lado, las personas que se sienten con la libertad de evolucionar y aprender de sus experiencias para mejorar su personalidad, deben entender que todo cambio debe ser para bien. Y es ahí donde deben llenarse todos los días de personas y circunstancias positivas, y si actualmente no hay mucho de ello, cada persona debe ir en búsqueda de aquello que le permita transformar su forma de ser hacia algo mejor que ayer. Así como hay quienes pueden llevarte a destruir tu forma de ser, también te encontrarás por el camino de la vida a seres de bien, que pueden ofrecerte un sano consejo, una corrección fraterna o un gesto de amor.

 

Sea cual sea la perspectiva de cambio que tengas en tu comportamiento, no permitas que éste se aleje del bien, tampoco dejes que quienes no aportan en tu vida, corten tus alas. Debes volar hacia la cúspide de la excelencia, esforzándote por ser feliz y ser un buen ser, con tus propios matices y colores de vida. A esto se le conoce como personalidad auténtica.

 

"No te perjudiques por tener en cuenta a los demás, y que la vergüenza no provoque tu caída. No dejes de hablar cuando sea necesario, ni escondas tu sabiduría. Porque la sabiduría se reconoce en las palabras, y la instrucción, en la manera de hablar. No digas nada contrario a la verdad y avergüénzate de tu falta de instrucción." Sirácides (Eclesiástico)  4, 22-25.

 

Aunque la niñez es básica para modelar una personalidad, nunca es tarde para mejorarla. Caso contrario un niño que creció en un ambiente adverso y conflictivo estaría condenado de por vida a ser un adulto caído. Y eso definitivamente, NO es lo que quiere Dios para nosotros. Dios quiere que salgamos de cualquier agujero oscuro y luchemos para salir a la luz, a su luz. Debemos día a día trabajar para ser virtuosos, buenos cristianos y honrados ciudadanos, desarrollar nuestras potencialidades y usarlas para mejorar al mundo:

 

"¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!. El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien". Salmos 1, 1-3.

 

Pasos básicos que pueden ayudarte a mejorar tu personalidad son:

  • Pasa más tiempo con quienes te aman y te valoran. El afecto es muy importante.
  • Busca personas buenas que te sirvan como modelo, quizá puedas adoptar cosas buenas de ellas que te servirán en la construcción de tu personalidad.
  • Cree en ti mismo/a, busca sentir al Espíritu de Dios en tus adentros.
  • Enseña a los demás lo que has aprendido, compartir algo bueno con los demás te edifica.
  • Haz que tu personalidad sea la misma en diferentes situaciones y con distintas personas.
  • Permítete ser paciente con tu "yo" interior, no busques dar pasos más rápidos de lo que deberías.
  • Socializa, en igual medida en que predicas como en la que escuchas.
  • Amplía tus horizontes, intereses y cosas que has dejado atrás. Disfruta de lo que te gusta hacer, hacer algo que te haga feliz aunque no repercuta en tu economía. Los tesoros que nos hacen felices, no tienen precio.
  • Aprende a ver algo bueno de los demás, incluso de quienes no actúan muy bien. Aprender de alguien no implica necesariamente que esté cerca de nosotros.
  • Ve oportunidades y soluciones ante un problema, si te es difícil, comienza a trabajar en ello.
  • Haz una lista con los rasgos de tu personalidad y separa: las cosas buenas para potenciarlas, de las cosas negativas para mejorarlas.
  • Ponte metas a un plazo determinado y haz una evaluación de tus mejoras.
  • Sé objetivo en tu análisis, no subjetivo; por ejemplo el ser extrovertido desde una perspectiva superficial puede ser bueno y desde otra, no tanto; por ello el enfoque debe ser objetivo y analizar si tu personalidad sea introvertida o extrovertida se alinea con lo que quiere Dios para ti en la medida de tus actos y felicidad generada.

 

 

 

Recuerda esto: Debemos buscar a Dios en la mejora de nuestra personalidad. Mejorar nuestra personalidad no es complicado, pues basta con trabajar en hábitos buenos; lo complicado radica en consolidar una madurez suficiente para lograrlo y en la constancia para perfeccionarla.

 

Con afecto,

Javier.