Decisiones y resultados que forjan un estilo de vida

decisiones alineadas a dios FLORECEN EN nuestro estilo de vida

Al menos pudimos haber encontrado a una persona en nuestro camino que haya manifestado su frustración o reniego hacia Dios por sus problemas. Es muy probable que incluso, nosotros mismos hayamos sentido en algún punto de nuestro pasado, una pérdida de fe o un deseo de reprocharle a Dios por las cosas que no salen del todo bien.

 

Este error es producto de una profunda ignorancia que tiene el ser humano al desconocer la infinita misericordia de Dios para amarnos, pues Él busca siempre lo mejor para nosotros.

 

El amor de Dios es tan grande que no nos obliga a seguirlo, pero siempre estará esperando que desde lo más profundo de nuestro interior, lo busquemos para hallar felicidad en Él. Este amor tan grande, otorga al ser humano una libertad de escoger sus caminos de vida y tomar sus propias decisiones. Dios nos creó libres, de modo que el ser humano es fruto de las decisiones que escoge a lo largo de su vida. En consecuencia, cada uno de nosotros somos responsables por los actos que cometemos a raíz de las decisiones que tomamos.

 

Este concepto tan esencial en las relaciones intra e interpersonales, parece que ser que se olvida cuando se presentan problemas, o las cosas no salen como se las esperaba, y como último recurso el ser humano tiende a culpar Dios por sus tropiezos, sin siquiera analizar que todo ese resultante, fue originado por la serie de decisiones y acciones que fueron ejecutadas a plena libertad humana y no de Dios. En efecto, el carácter justo y la correcta toma de decisiones se forjan, cuando a la luz de Dios, escogemos libre y conscientemente al bien cuando tenemos el mal como la otra opción.

 

Si por dejar a un lado la sensatez, tomamos malas decisiones que nos conducen al fracaso, sería ilógico y tonto culpar a Dios:

 

"La necedad del hombre pervierte su camino, y luego su corazón se irrita contra el Señor." Proverbios 19, 3.

 

Debemos ser lo suficientemente confiados en Dios, lo suficientemente valientes en Cristo y lo suficientemente doblegados al Espíritu Santo, como para hacer frente a la persuasión del mundo a tomar decisiones incorrectas.

 

Hoy en día, los engaños se pintan como situaciones normales, como si fuesen buenas. Desde el Génesis ocurrió esto con el fracaso de Adán y Eva al elegir no obedecer a Dios. En la actualidad, el mundo pinta como "normales" los matrimonios homosexuales, el aborto, el consumo de drogas, la cultura del vicio, el desenfreno sin control de las pasiones. Si una persona consigue un trabajo y gana su dinero pero lo malgasta en cosas que no lo edifican, y al final se queda sin nada relevante, ¿es sensato que después culpe a Dios?. La insensatez del hombre hace que su intelecto de desvanezca, se ha visto casos en que hay gente que aún confía en quienes han demostrado en el pasado ser poco confiables. Si un hombre tiene a su lado a una familia que lo ama, y éste la engaña por un momento de placer, y finalmente lo pierde todo, ¿acaso es culpa de Dios?. Hay quienes han perdido maravillosos regalos de Dios por caer presos en la trampa del engaño. A veces, las correctas decisiones también se enfocan en abandonar o dejar atrás lo que nos perjudica.

 

"El que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna." Gálatas 6, 8.

 

Dios nos da muchas oportunidades, nos llena de caminos de prosperidad, nos da discernimiento para elegir lo mejor, nos acerca a personas buenas, a momentos perfectos; pero caemos en la trampa de lo fácil, de lo cómodo y nos cegamos de la luz, prefiriendo otras opciones que resultan ser equivocadas. Si tan solo pudiéramos esforzarnos un poco más de lo habitual para comprender las cosas que vienen de Dios, descubriríamos que la vida está llena de oportunidades bendecidas que nos aguardan.

 

Culpar a Dios por los fracasos humanos, es un signo grave de falta de responsabilidad en el accionar de los actos, es evadir el compromiso adquirido cuando somos lideramos nuestros pasos. Culpar a Dios y culpar a otros por los errores que comete una persona, demuestra debilidad en el carácter humano.

 

Dios no nos obliga a tomar buenas decisiones, pero si queremos darle honor a su nombre y mejorar nuestro estilo de vida, debemos alinearnos al bien para que obtengamos buenos resultados, y si los resultados no son los esperados, tendremos fuerza para salir victoriosos del problema gracias a Dios. Aunque Dios nos haya creado con libre albedrío, siempre estará esperando que hagamos lo correcto y que lo reconozcamos como el único Ser por el cual obtendremos el verdadero conocimiento de lo que es adecuado o inadecuado para nuestras vidas. Esto se aplicará a cualquier campo de nuestras vidas: económico, sentimental, laboral, entre otros.

 

 

Recuerda esto:

 

Siempre debes tomar en cuenta a Dios para la toma de tus decisiones, tienes la libertad para escoger tus caminos por lo que un profundo acercamiento al bien, te facilitará la tarea de elección en tu vida. Los problemas no son lo relevante, lo que verdaderamente importa es el grado de tu confianza en Dios para salir adelante.

 

 

Con afecto,

Javier.