La Providencia Paternal de Dios

DIOS NOS AMA, DIOS NOS PROVEE

La palabra providencia, tiene un origen etimológico que significa: "anticipación". Y desde luego cuando definimos a la Providencia de Dios, podemos resumir que es la Acción Divina de Dios para anticiparse a los hechos humanos y proveernos de asistencia a quienes confiamos en Él.

 

Ya sabemos que Dios nos da total libertad para elegir nuestros caminos, pero sin importar las decisiones que tomamos, Dios estará presente para asistirnos pues Él ya sabe de antemano lo que íbamos a hacer, también espera que podamos llegar a un estado de afinidad y cercanía con su Espíritu para estar en su Gracia y disfrutar a plenitud lo bueno que Él tiene preparado para nosotros. Dios es un Padre de amor y por tanto, debemos reconocerlo como nuestra razón de vida, como nuestro Proveedor por excelencia. Siendo un Padre Celestial, es lógico que si le damos el honor que merece, si sabemos pedir como es debido, si confiamos plenamente en su poder, si perdonamos a quienes nos ofenden, si nos arrodillamos ante Él, si caminamos por los senderos del bien, si lo ponemos a Él delante de nuestro caminar, y si sabemos ser pacientes para esperar sus tiempos; desde luego que vamos a obtener lo que le pidamos de corazón, pues para Dios nada es imposible:

 

"También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?. Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan»" Lucas 11, 9-13.

 

Notemos las palabras textuales de Jesús, si un padre terrenal puede dar cosas buenas a sus hijos, con mucha más razón nuestro Padre Dios nos podrá bendecir a plenitud. Pero notemos también que al final de estas palabras, Jesús no habla de cosas materiales, pone como primicia que Dios nos otorga al Espíritu Santo si se lo pedimos. Y esta es la clave o inicio de nuestras peticiones: dejarnos absorber por el Espíritu de Dios, para que nuestra mente pueda actuar a la manera de Cristo. De esta manera, y solo así, daremos el primer paso para pedirle a Dios lo que anhelamos.

 

Si desde aquí, las personas no arrancan bien, sus peticiones no podrán tener el efecto esperado. En la vida hay personas que se quejan porque "Dios no les escucha cuando oran", y es muy triste saber que le piden a Dios cosas, pero en la práctica, actúan alejados de la voluntad del Señor, o le piden cosas que no se alinean al bien. También hay quienes van pidiéndole a Dios cosas en la calle o cuando viajan, y no es que esté mal, pero el punto es que jamás se les pasa por la mente buscar un sitio apropiado, tampoco se les ocurre arrodillarse ante el Dios Supremo: "¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor." Salmos 95, 6-7.

 

Y es que las más grandes batallas de nosotros los cristianos, comienzan por doblar nuestras rodillas y reconocer a Dios como nuestro Rey, nuestro Soberano, nuestro Señor Todopoderoso: "Si mi pueblo, el que es llamado con mi Nombre, se humilla y suplica, si busca mi rostro y se convierte de sus malos caminos, yo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y haré que su país se restablezca. A partir de ahora, mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la súplica que se haga en este lugar." 2 Crónicas 7, 14-15.

 

Por otro lado, un error que cometen las personas es pretender que Dios es un supermercado "al granel" de donde obtenemos bendiciones como si fuesen mercancías, y más aún, sin ofrecerle al Señor algo a cambio. Es importante considerar que cuando ofrecemos algo bueno de nosotros para el Señor, a Él le agrada. Podemos ofrecerle un cambio en nuestras vidas, dejar un vicio, trabajar por la paz, ser mejores profesionales, ser más amorosos, ayunar. Lo que hagamos dependerá de cada uno de nosotros y de la bondad que nos permitamos cultivar en nuestras vidas: "Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes»." Lucas 6, 38.

 

Tenemos que ver la vida como una cadena de gracia, no nos cerremos al limitado concepto de un Dios "supermercado". Pues, una cadena de abastecimiento comprende algo más complejo. Por ejemplo, tenemos a los clientes, que en este caso haciendo una analogía, seríamos nosotros. El supermercado, en realidad es el mundo, pues allí encontramos cosas buenas y cosas no tan buenas, todo dependerá de las decisiones que escojamos para tomar algo, es como cuando vamos de compras y adquirimos algo beneficioso para nuestra salud, pero también habrá productos que nos pueden causar daño a la salud o productos que no valen la pena adquirirlos. El control de calidad de esta cadena representa a nuestro examen de conciencia, a nuestro deseo de mejorar y seguir a Cristo. El dinero con el que adquirimos bienes, representa a nuestro esfuerzo. Y Dios, categóricamente representa al Grandioso Ser Proveedor, el que nos brinda las cosas buenas, justas y gratas. Un supermercado por más que tenga un gran poder adquisitivo, jamás podría vender cosas de calidad si no tiene al proveedor adecuado. Así es Dios, un Dios Proveedor por excelencia, que no nos dan cosas "buenas", Dios nos ofrece bendiciones "de calidad", "de primera, "de excelencia".

 

Dios espera que hagamos nuestra parte, que tomemos decisiones correctas y trabajemos para bien con las capacidades que nos ha otorgado, al final cuando nos falten fuerzas o tropecemos, Él estará allí para levantarnos y darnos vigor espiritual, siendo el complemento perfecto. Dios estará cuando lo necesitemos y nos proveerá cuando se lo pidamos.

 

Recuerda esto: Dios nos otorga siempre lo que nos conviene, basta esperar con paciencia sus tiempos, es importante llenarnos del Espíritu Santo y rendirle honor, postrándonos ante su grandeza. Debemos procurar ofrecerle a Dios cosas buenas, tangibles. Permaneciendo en la luz, descubriremos que Dios es un proveedor por excelencia, que su amor y bondad es tan grande que no alcanzaríamos jamás a comprender cómo es que Él obra, pero basta saber que es un Padre bueno, demasiado bueno, que si pudiésemos comprender al menos un poco de su bondad, nos derramaríamos en llanto, pero de alegría. Dios no escoge personas capacitadas, Él capacita a los elegidos; por tanto seamos dignos elegidos de Dios tocando con nuestras rodillas el suelo, y así Dios hará que nuestro corazón toque el cielo.

 

 

Con afecto,

Javier.