Permítete ser feliz

SER FELIZ EN CRISTO SIEMPRE SERÁ LA MEJOR OPCIÓN

Ciertamente debemos estar seguros de algo: Dios quiere vernos felices. De ninguna manera nuestro Dios tan amoroso y poderoso podría desear lo contrario con nosotros, sus hijos. Dios es nuestro héroe, el héroe que nos salva con gozo y alegría:

 

"¡Yavé, tu Dios, está en medio de ti, como el héroe que te salva!, Él saltará de gozo al verte a ti y te renovará su amor. Por ti danzará y lanzará gritos de alegría como lo haces tú en el día de la Fiesta." Sofonías 3, 17-18.

 

Sabemos también, que inclusive, las adversidades nos fortalecen, ya que Dios nos talla y pule para convertirnos en piedras preciosas que puedan brillar a su luz. Es así que, los sufrimientos en Cristo, contribuyen de alguna manera a nuestra felicidad: "Más bien alégrense de participar en los sufrimientos de Cristo, pues también se les concederán las alegrías más grandes el día en que se nos descubra su gloria." 1 Pedro 4, 13.

 

Un verdadero cristiano es una persona feliz, por tanto, la búsqueda de la felicidad de un cristiano es justo derecho, por su fidelidad al Señor. Es incoherente pensar que estamos limitados a ser felices o que debemos restringir todo o parte de aquello que contribuya alcanzar alegría en nuestras vidas. La felicidad no es una utopía, sino que es una realidad tangible y una bendición otorgada por Dios. Tal es así, que las bendiciones de Dios para nosotros, se dan por voluntad propia de Él, no es ni siquiera que nosotros hayamos trazado méritos para alcanzarlas, se da simplemente que Dios lo ha querido así.

 

Lo único que debemos procurar es actuar en nombre de Dios, en todo momento y luchar por ser felices. Debemos ser personas que busquen vivir como cristianos de ejemplo, de bien. Solamente así podremos despojar cualquier carga de pecado que nos aleje de Dios. Al confiar plenamente en el Señor y al hacer el bien en todo momento, tendremos nuestra alegría en Él: "Confía en el Señor y haz el bien, habita en tu tierra y come tranquilo. Pon tu alegría en el Señor, Él te dará lo que ansió tu corazón." Salmos 37, 3-4.

 

Es importante aclarar que el hecho de limitarnos a las bendiciones de Dios, sería hacer oposición a Dios, ya que Dios es un Ser Infinito. En nuestros días, es penoso ver gente que piensa que no se merece algo bueno que le sucede, o que no se siente lo suficientemente "buena persona" como para recibir algo bueno de Dios. Hay personas que buscan a Dios en una esquina de llanto y aflicción, poniendo una barrera a un mundo lleno de alegrías y situaciones dichosas.

 

Es fundamental que dejemos de ser tan duros con nosotros (as)  mismos (as), y respiremos la idea de que Dios nos quiere ver felices, fortalecidos en su amor. Luego de ello, debemos estar conscientes de que no somos "seres perfectos", pues solamente Dios es el único ser perfecto. Por tanto, la idea de pretender ser unos "cristianos perfectos" es anti natural. Cuando entendemos esta realidad, sabremos que Dios es nuestra fortaleza en los momentos en que fallamos y necesitamos su ayuda. Incluso, los santos han tenido que atravesar varias luchas espirituales para alcanzar la santidad, en consecuencia, en un ser humano, la santidad absoluta no existe. Cuando nos reconocemos imperfectos y buscamos ser mejores en Cristo día a día, habremos dado un gran paso hacia la meta: "No creo haber conseguido ya la meta ni me considero un «perfecto», sino que prosigo mi carrera para conquistarla, como ya he sido conquistado por Cristo. No, hermanos, yo no me creo todavía calificado, pero para mí ahora sólo vale lo que está adelante; y olvidando lo que dejé atrás, corro hacia la meta, con los ojos puestos en el premio de la vocación celestial, que es llamada de Dios en Cristo Jesús." Filipenses 3, 12-14

 

 

La confianza plena en el Señor, es vital, pues  Él nos reafirmará y nos alegrará el alma: "Apenas dije: «¡Vacilan mis pies!» tu bondad, Señor, me reafirmó. Cuando las preocupaciones me asediaban, tus consuelos me alegraban el alma." Salmos 94, 18-19.

 

Recuerda esto: La búsqueda de la felicidad es un justo derecho de todo cristiano, cada cristiano debe dar su cuota de confianza plena en Dios, procurando actuar a la luz del bien para evitar el pecado, reconociendo al Señor como el Ser Supremo que levanta y fortalece y luchando de su mano para alcanzar la meta.

 

Con afecto,

Javier

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