La Armadura de Dios (Parte 8)

LA ESPADA DEL ESPÍRITU

Dentro del contexto de la Armadura de Dios, hay un único elemento que es de ataque, el resto son defensivos. Este elemento de ataque y defensa también, es la capacidad que tenemos de levantar a la Palabra de Dios como una espada de doble filo para hacer frente a cualquier acechanza: 

 

"Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón." Hebreos 4, 12.

 

El cristiano que sufre tentaciones y engaños, tiene que atravesar un duro golpe en su mente, los pensamientos deprimentes son los que causan que una persona pierda el rumbo de sus actos. La Espada del Espíritu se concibe como el enfrentamiento por excelencia que da la victoria y el triunfo a un cristiano que se refugia en la Palabra, que la asimila y la vuelve sabiduría de Dios en su mente.

 

Con la fe, se cree en la Palabra como verdad intangible, se la lee y se la comprende. Por la convicción de las promesas en la Palabra de Dios, se adquiere sabiduría. Con la sabiduría, una persona aprende a discernir adecuadamente entre lo malo y lo bueno, y acepta renovarse para bien. Cuando una persona se renueva para bien, alberga amor en su corazón para sí mismo y para quienes lo rodean. Una persona que alberga amor dentro de su corazón, tiene en su interior a la esencia más sublime de Dios: al Espíritu Santo. Cuando un cristiano alberga dentro de sí al Espíritu Santo, será capaz de sobrellevar cualquier quebranto y salir victorioso, pues su mente y sus actos, son de ganador, de líder, de supremacía ante la adversidad.

 

"Todas los textos de la Escritura son inspirados por Dios, y son útiles para enseñar y para rebatir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien." 2 Timoteo 3, 16-17.

 

Ahora bien, la analogía de la espada es muy importante, pues tomando el ejemplo del soldado y su espada, el soldado debe ser instruido adecuadamente para usar la espada, caso contrario, la usará mal o simplemente no la sabrá usar, y será para él, un trozo filoso inútil. Es necesario estar conscientes de este postulado, pues en el mundo, hay ciertas personas, sectas y organismos que "engañan por medio de la Palabra", hay gente inescrupulosa que "saca ciertos versículos bíblicos" para sus intereses particulares, o para alejar a la humanidad de la verdadera fe, de la verdadera Iglesia de Cristo. Por ello, hay que entender la Palabra no solamente como un texto, sino dentro de un contexto. La ayuda de sacerdotes, comunidades, grupos de oración, teólogos, la familia, es muy útil, sobre todo para quienes dan sus primeros pasos en el estudio de la Palabra.

 

Como cristianos en constante lucha, necesitamos saber cómo manejar y utilizar la Palabra apropiadamente. Solamente de esta forma, tendremos una magistral herramienta a nuestro favor y también como defensa para desechar las mentiras y los engaños: "Porque, aunque vivimos en la carne, no combatimos con medios carnales. No, las armas de nuestro combate no son carnales, pero, por la fuerza de Dios, son suficientemente poderosas para derribar fortalezas. Por eso destruimos los argumentos y toda clase de altanería que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometemos toda inteligencia humana para que obedezca a Cristo." 2 Corintios 10, 3-5.

 

Sin duda, la Palabra estudiada y practicada es una espada de defensa que conlleva a albergar al Espíritu de Dios en nuestro interior, nos da paz, sabiduría y nos hace vivir en la verdad:

 

"¡Cuánto amo tu ley, todo el día la medito!

Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque siempre me acompañan.

Soy más prudente que todos mis maestros, porque siempre medito tus prescripciones.

Soy más inteligente que los ancianos, porque observo tus preceptos.

Yo aparto mis pies del mal camino, para cumplir tu palabra.

No me separo de tus juicios, porque eres tú el que me enseñas.

¡Qué dulce es tu palabra para mi boca, es más dulce que la miel!

Tus preceptos me hacen comprender: por eso aborrezco el camino de la mentira. "

 

Salmos 119,  97-104

 

 

Recuerda esto: el primer paso para defendernos, enfrentar las adversidades y llenarnos de sabiduría: es aceptar a Dios en su Palabra, en sus promesas, en su verdad.

 

Con afecto,

 

Javier

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