Escribiendo historias imborrables

Ya sabemos que en nuestra vida, nada es casual y que todo lo que nos ocurre tiene un propósito. También sabemos que tenemos libertad para escoger los rumbos de nuestro camino y, por ende,  asumiremos los resultados de nuestros actos. Finalmente, sabemos que pesar de equivocarnos, tendremos la oportunidad de renacer y continuar nuestra ruta de pie, con paso firme hacia adelante como verederos instrumentos de Dios.

 

En consecuencia,  nuestra vida tiene un sentido muy especial, divino, único, pues cada acción u omisión que generemos, tendrá algún tipo de repercusión en la historia universal. Somos partícipes del conglomerado de la humanidad y al tener un propósito divino, podemos avanzar escribiendo historias imborrables. Para escribir historias imborrables, no necesitamos ser reconocidos por el mundo como "gente famosa", bastan las buenas acciones que sembremos a lo largo de nuestra vida. En este sentido, el verdadero valor que tenemos, radica en la genuina construcción con la que Dios nos creó.

 

Al lograr comprender a nuestra vida como una joya valiosa y única, en donde Dios es el experto evaluador, no podemos permitir que las circunstancias o las personas manipulen nuestro verdadero valor. Solamente Dios sabe cuánto valemos realmente y si estamos sincronizados con Él, sabremos también el potencial que está en nosotros.

 

Está lógica celestial se contrasta, pues el ser humano no tiene un equilibrio perfecto para dar valor a otra persona. Cuántas veces nos hemos encontrado con gente que se dedica a juzgar, a acusar, a menospreciar; y también con seres con tendencia a elogiar en exceso a otras personas para ganarse un puesto de trabajo, un favor, o algo por el estilo, es decir convierten a otras personas en "ídolos". Es por ello que decimos que solamente Dios conoce nuestro valor real. Por tanto, si logramos acercarnos a Dios, podremos "pensar y actuar a la manera de Dios" y nuestra rudeza humana se podrá acercar más a una humanidad espiritual, capaz de amar y valorar a otras personas como Dios lo hace. Por eso se dice que cuando amas a alguien, ves con los ojos de Dios.

 

Cuando hacemos un acto de amor o bondad por otra persona, estamos actuando a la manera de Dios, lograremos ver en aquella persona sus valores, sus virtudes, sus fortalezas y también podremos apoyarla en sus debilidades. Cuando valoras a alguien con amor, estás valorando como Dios lo hace.

 

Se nos ha asignado una misión valiosa en este mundo, pero dependerá de nosotros si elegimos construir o destruir. Tenemos la elección de darle valor a una persona con un estilo frío y calculador, o con un estilo amoroso y comprensivo. No dejemos que los problemas o la acumulación de angustias sequen nuestro corazón. Brindemos una sonrisa en vez de un grito, un abrazo en vez de un golpe, una palabra de aliento en vez de una mal argumento en contra de alguien. Si tenemos un altercado, busquemos hacer las paces. Seamos protagonistas de buenas historias para otras personas, dejemos algo bueno en quienes nos rodean, hasta es posible que después de varias generaciones todavía nuestras buenas huellas se vean. Escribir buenas historias en nuestra vida no significa complacer o tratar de agradar a todos, simplemente es dejar una impresión agradable con nuestros actos o palabras.

 

Podemos escribir historias imborrables, permanentes y dejar buena huella cada día, desde los actos bondadosos más pequeños hasta las cosas más grandes que podamos hacer por amor. Cada acto que hagamos podrá contribuir a generar un poco de bien al mundo, o podrá aumentar el mal a la humanidad, Dios nos entrega el cuaderno y el lapicero, nosotros hacemos el resto al  escribir nuestra historia, y siempre estaremos supervisados y apoyados por Dios cuando escribamos renglones torcidos o nos "duela la mano" de tanto escribir.

 

"Que nunca te abandonen la bondad y la lealtad: átalas a tu cuello: escríbelas en el libro de tu corazón, y encontrarás favor y aprobación a los ojos de Dios y de los hombres." (Proverbios 3, 3-4).

 

Piensa en Jesús, quien no solo cambió al mundo o dividió a la historia universal, o escribió la más perfecta historia en el libro del amor de Dios, Él nos mostró que el amor lo supera todo, que la vida no termina con camino sin sentido, sino que hay un paraíso más allá del ocaso humano.  Jesús nos debe inspirar como modelo de nuestra esencia de vida y de nuestra historia diaria. 

 

Recuerda esto:

 

Para escribir historias imborrables en nuestra vida es prioritario el tamaño de nuestro amor, más allá del tamaño de nuestras obras, si tenemos la oportunidad de elegir, elijamos hacer el bien y dejar huellas de bienestar en nuestro camino. Esto es un verdadero acto heroico y memorable que hará brillar nuestra existencia ante Dios y en la humanidad.

 

Con afecto,

Javier 

 

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