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La Estrella de la mañana

Una de las formas poéticas más hermosas para describir a nuestra Madre María es: "Estrella de la mañana".

 

Sabemos que Jesús es nuestra Luz de Salvación, que vence a la oscuridad.

 

Así como la estrella de la mañana anuncia la llegada del día en plena madrugada, del mismo modo nuestra Madre Santísima anuncia a Jesús con su encarnación y alumbramiento.

 

Como el caminante o el navegante que viaja por la noche oscura esperando el amanecer, en que las horas van pasando pero la oscuridad no se va, en éstas circunstancias, lo que le da esperanza de un pronto amanecer, es la estrella de la mañana, como astro pregonero de la aurora. Cuando la estrella brilla en el firmamento, sabemos que el día está por llegar, las tinieblas empiezan a desaparecer: 

 

"El cielo proclama la Gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmos 19, 2). 

 

Nuestra Estrella de la mañana, brilló desde tiempos proféticos para confirmar esta bendición: "Pide a Yavé, tu Dios una señal, aunque sea en las profundidades del lugar oscuro, o en las alturas del cielo" (Isaías 7, 11)

 

 

La señal que anuncia a nuestro Salvador Jesucristo, es nuestra Madre del Cielo. Dios mismo respondió que María era la señal que brillará en la oscuridad para anunciar nuestra salvación: "El Señor pues, les dará esta señal: La Virgen está embarazada, y da a luz a un varón a quien le pone el nombre de Emanuel" (Isaías 7, 14)

 

Claramente, las escrituras antes del nacimiento de Jesús ya lo confirmaron como nuestro Mesías y también confirmaron a María como la Madre del Salvador: "Y tú, Belén Efratá, aunque eres la más pequeña entre todos los pueblos de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial. Por eso, si Yavé los abandona es sólo por un tiempo, hasta que Aquella que debe dar a luz tenga a su Hijo. Entonces volverán a su familia el resto de los hijos de Israel. Él se pondrá de pie y guiará su rebaño con la autoridad de Yavé, con la Gloria del Nombre de Dios, vivirán seguros, pues su poder llegará hasta los confines de la tierra:  ¡Él mismo será su Paz!". (Miqueas 5, 1-4).

 

En efecto, las antiguas Escrituras ya anunciaban a Jesús como nuestro Salvador y a María como nuestra Estrella, cuya señal brillaría como aurora previa al nacimiento de Cristo. Gracias a la intercesión de María, el anuncio del Evangelio de Cristo pudo ser más esperanzador para quienes lo proclamaban y para quienes lo recibían. Cuando las esperanzas se agotaban, cuando la noche estaba oscura, allí apareció la Virgen María para animar la mirada hacia Jesús. 

 

Sabemos que las dificultades siempre estuvieron presentes en el camino de los apóstoles: persecuciones, encarcelamientos y martirios. Del mismo modo sabemos que la luz de Cristo se perdía en los corazones de los cristianos, por el pecado y el apego a las cosas del mundo, por ello surgieron las divisiones. Es ahí, en la penumbra sombría para muchos cristianos, que no veían la gran luz de Cristo brillar, apareció una estrella para sosegar la esperanza: fue su Madre, nuestra Madre Virgen. María tiene un papel importante para acercarnos a Jesús, pues como toda madre siempre querrá el bienestar para sus hijos, una madre jamás nos podrá desamparar. 

 

La historia de la primera aparición mariana se remonta al año 40, cuando el apóstol Santiago se encontraba predicando en Hispania (actual España). El Apóstol, estaba desanimado por las grandes dificultades que estaba atravesando para evangelizar y pidió a Dios una señal, fue entonces cuando se le apareció la Virgen sobre un pilar de mármol a orillas del río Ebro (Zaragoza). La Virgen lo animó a seguir adelante por Jesús y su Iglesia. Ella le prometió que el pilar estaría de pie hasta el fin de los tiempos y que la virtud de Dios obrará por medio de su intercesión. Luego de esta aparición, Santiago y sus discípulos construyeron una capilla en aquél sitio y la llamaron: "Santa María del Pilar". Y es así que hasta nuestros días, el pilar no ha sido derrumbado, pese a los siglos, a las guerras, a las invasiones y a la caída de bombas (que milagrosamente no explotaron). Lo más sorprendente de este acontecimiento, fue que nuestra Madre María, se le apareció a Santiago cuando ella estaba aún con vida en su cuerpo terrenal y vivía en Palestina.

 

Así como Santiago pudo ver una aurora para fortalecer la luz Cristo en su corazón, así también otros cristianos pudieron encontrar en María, una ayuda celestial que interceda en sus vidas. En medio de la compleja situación que atravesaba la Iglesia de Jesús siglos atrás, la Virgen acudió al auxilio de los hijos de Dios. Todos los santos de la Iglesia, sin excepción, tuvieron un apego profundo en María, quien de diversas maneras se manifestó en sus vidas y les daba consuelo de Madre Celestial.

 

Las congregaciones y órdenes religiosas que se iban formando a lo largo del mundo, jamás perdieron la unidad que Cristo tanto quiso para su Iglesia, siempre respetaron al Papa como representante humano de la Iglesia de Jesús, y asimismo iban creando sus comunidades entorno a los dones y carismas que les daba el Espíritu Santo, y por supuesto se abrazaban a la Virgen María. Volvió la unidad en "fraternidad y orden".

 

A lo largo de la historia después de Cristo, numerosas apariciones marianas se manifestaron en todo el mundo. Por ejemplo en el año de 1208, María se le apareció a Santo Domingo de Guzmán y Ella le enseñó a rezar el Santo Rosario y a propagar esta fe, aquí nació la orden de los dominicos. Santo Domingo pudo convertir a la Iglesia Católica a numerosas personas en Francia.

 

 

San Francisco de Asís tuvo un apego muy fuerte a María, la orden franciscana iniciada en la Edad Media siempre ha tenido unos lazos marianos muy especiales.

 

San Juan Bosco, tenía una frase: "Propagad la devoción al Santísimo Sacramento y a María Santísima Auxiliadora, y veréis lo que son los milagros". Don Bosco fundó la congregación de los salesianos y pudo llegar con el mensaje de Dios a muchos niños y jóvenes.

 

Y así podemos enumerar las diversas congregaciones religiosas mundiales y su profundo amor a Jesús, confiando en la intercesión de la Virgen María. Gracias a Ella, muchos volvieron a abrazar la fe en Cristo. Tanta es la virtud de María que Ella se ha aparecido en diversos lugares del mundo y a muchas personas quienes han construido templos católicos gracias a su pedido. En México, tenemos la historia de Juan Diego y su encuentro con la Virgen de Guadalupe. Una de las apariciones más notables fue la presencia de María en los niños de Fátima (Portugal). Una gran cantidad de templos católicos en todo el mundo han sido construidos gracias a apariciones marianas. Definitivamente, ¡María nos ayuda a acercarnos a Cristo!

 

Sin duda, nuestra amada Virgen María es la Estrella de la Mañana. Así como Jesús la eligió como Madre suya y Madre nuestra, así también debemos crecer en la devoción a Ella. Pidamos que interceda en nuestras vidas, que nos guíe y nos indique el camino hacia Jesús, sobretodo en momentos grises de nuestra existencia.

 

 

 

Recuerda esto:

 

Nuestra Madre María es la bellísima aurora que anuncia a Jesucristo como el Sol Divino, como el Redentor que debe encender nuestros corazones en santidad. María precedió al Salvador y le preparó en su vientre una dulce morada. Al acercarnos a María, estaremos más cerca de Jesús.

 

Con afecto,

Javier

Compartimos una hermosa canción para nuestra Madre

Interpreta: Verónica Sanfilippo - María

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