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Orar sin cesar: la oración perseverante

Sabemos que la oración es un diálogo íntimo y libre que disponemos para comunicarnos con Dios, entorno a un ambiente paternal y de amor mutuo.

 

La oración constante nos permite establecer lazos sólidos con nuestro Padre Celestial, así como el mayor avivamiento de su Espíritu Santo para que fluya en nuestro interior, y permanezca como un ancla en el mar. 

 

Como cristianos firmes, necesitamos estar más cerca de Jesús en medio de las tentaciones y de las problemáticas del mundo que nos rodea. Para ello, hemos de vivir con un hábito honorable: la oración constante.

 

Jesús nos mostró diversas enseñanzas en su Evangelio. De todas ellas, la oración continua es marcada no solamente como un consejo, sino como un mandato. Este mandato fue dado por Jesús con un amor inmenso, pues Él sabía que era la única forma de mantenernos firmes en nuestras luchas y no sucumbir espiritualmente:

 

*Ahora bien, ¿ Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? (Lucas 18, 7)


*Estén vigilando y orando en todo tiempo para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder, y puedan estar de pie delante del Hijo del Hombre (Lucas 21, 36)

 

Jesús nos dio una promesa: orar constantemente nos concederá plenitud de acercamiento con el Padre. En efecto, la oración fue una primicia que dio paso a momentos decisivos de Cristo:

 

Jesús oró antes de su Bautismo. (Referencia: Lucas 3, 21)
Jesús oró antes de elegir a sus discípulos. (Referencia: Lucas 6, 12)
Jesús oró antes de su Transfiguración. (Referencia: Lucas 9, 28)
Jesús oró antes de enseñarnos la oración del Padre Nuestro (Referencia: Lucas 11, 1)
Jesús oró antes de su Pasión. (Referencia: Lucas 22, 41-44)
Jesús envío el Espíritu de Dios al Colegio Apostólico que perseveraba en la oración (Referencia: Hechos 1, 14)

 

San Pablo resume esta mandato de Jesús así: "Oren sin cesar" (1 Tesalonicenses 5, 17)

 

Es probable que en una primera impresión, el orar sin cesar, nos pueda parecer algo difícil de realizar, tomando en cuenta que a lo largo del día tenemos múltiples ocupaciones. Sin embargo, este mandato de Jesús es más sencillo de lo que parece.

 

Orar constantemente significa que a lo largo del día, incluso cuando descansamos, nuestros pensamientos y necesidades sean compartidos en un lazo amoroso con nuestro Padre Dios, en un afán de protección como lo tiene un niño con su padre. Un niño cuando tiene un problema, se expresa de manera concreta y rápida, con frases cortas o incluso con una sola palabra, por ejemplo: cuando un niño se golpea el pie, lo único que hace para llamar la atención de sus padres es gritar fuertemente: ¡pie!, en ése momento, sus padres acuden a ayudarlo y ya conocen en qué parte del cuerpo deberán atender a su hijo. Un niño no hace una larga lista de quejas o lamentos acerca de su dolor, sino que pide ayuda de forma sencilla pero a la vez de forma espontánea (y si no dice una palabra lo que hará es llorar con gemidos). 

 

"El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el propio Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar." (Romanos 8, 26)

 

 

Así debe ser nuestra relación con Dios: tener un corazón de niño para orar con nuestro Padre, Él atenderá los gemidos de nuestro corazón. Cuando tenemos a nuestro lado a una persona que amamos, lo idóneo es que podamos conversar con ella, sobre todo si pasamos un largo tiempo a su lado. Sabemos que Dios está siempre junto a nosotros y si Él está junto a nosotros constantemente, lo lógico es que conversemos con Él constantemente. Si con una persona lo podemos hacer, con más razón si se trata de Dios.

 

 

Hay unas oraciones maravillosas que brotan de nuestros corazones, como las de un niño, oraciones breves y naturales que podemos manifestar a Dios y nos harán intimar más cada día con Él. Estas oraciones se llaman: jaculatorias. Las jaculatorias nos permitirán orar constantemente a lo largo de nuestra jornada, pues no toman mucho tiempo y son más prácticas para que sean convertidas en un hábito diario. La palabra "jaculatoria proviene del latín que significa “relativo al lanzamiento”, es decir son flechazos que lanzamos directamente al corazón de Dios.

 

Las jaculatorias tienen un poder especial a la hora de traer sobre nosotros la gracia de Dios, pues tocan su corazón de Padre con el gemido tierno y espontáneo de nuestro ser.

 

Una de las jaculatorias más famosas es la siguiente: "Señor Jesucristo, ten piedad de mí, que soy un pecador".

 

Podemos encontrar muchas jaculatorias para orar constantemente, e incluso podemos componerlas con nuestra propia autoría, u obtenerlas de versículos bíblicos. Cada jaculatoria es un flechazo que enviamos a Dios, y sin duda será muy eficiente. 

 

Las jaculatorias también las podemos manifestar para pedir auxilio a nuestra Madre María, a la intercesión de los santos y a los ángeles.

 

Aquí hay algunas de ellas: 

 

Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro.
¡María Refugio del Amor Santo, ayúdame a vivir con Jesús!
Dios mío ven en mi auxilio
Mi Padre amado, te necesito. Jesús mío, te necesito. Espíritu Santo, te necesito. Virgen María, te necesito.
Señor, hazme santo.
Señor, Tú lo eres todo para mí.
Señor, Tú eres mi fortaleza.
Te amo Jesús, quédate conmigo siempre.
Te amo Jesús y no quiero pecar.
Jesús confío en Ti.
Te adoro ¡oh Cristo!
Eres mi Dios y mi Todo.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Mi alma te glorifica Padre Amado.

 

Debemos formar un hábito de comunicación permanente con nuestro Padre Celestial. A lo largo del día debemos sentir una profunda conexión con Dios por medio de jaculatorias. Dios sabe lo que nos sucede antes de que se lo digamos, por tanto no debemos divagar o alargar las palabras, que nuestro corazón se enternezca para ser espontáneos, sencillos y concretos:

 

"Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. (Mateo 6, 7-8).

 

 

Un ejemplo práctico es cuando una esposa ora por su esposo. La esposa puede exponer a Dios una serie de problemáticas y hasta quejas de su esposo ante el Señor, pero puede ser más práctica y lanzar un flechazo al Padre y decir con un corazón de niña: "Señor mira a mi esposo", podrá repetir esta jaculatoria a lo largo del día, e incluso en su mente cuando conversa con su esposo. ¡Dios obrará más pronto de lo que se imagina!.

 

Si alguna vez llega a tu vida un fuerte enojo, puedes recurrir a los gritos o decir groserías. Pero si estás con un corazón firme en Dios, podrás decir: "Jésus, Jesús, Jesús", respirar y calmar tu espíritu en una dulce paz.

 

 

Recuerda esto:

 

Debemos alcanzar un crecimiento espiritual ideal para entender lo que Jesús nos quiere decir: ser más nobles para pedir a Dios, con menos palabras y más corazón. Las jaculatorias son oraciones breves y eficientes para suplicar a Dios y nos enfocarán a "orar constantemente". Desde luego, no descuidemos las oraciones al levantarnos, al acostarnos, al bendecir nuestros alimentos, la Eucaristía, la visita al Santísimo Sacramento y el Santo Rosario.

 

Con afecto,

Javier

 

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Comentarios: 2
  • #1

    thais zabala (miércoles, 19 junio 2019 09:45)

    hola... interesante

  • #2

    nayleth (domingo, 07 julio 2019 08:50)

    gracias.... señor gracias por esta informacion la nesecitaba, confio plenamente en nuestro padre creador,durante el dia pronuncio jaculatorias y me siento protegida